Se llevó ese ganado a Cilloruelo, su finca en la que nunca falta el agua, y al poco tiempo se hizo con la magnífica dehesa de “Aldeanueva” del Arenal”, situada en Fuenteguinaldo. En pocos años convirtió su ganadería en una de las de mayor
Pero el mérito de este ganadero no está sólo en lo que consiguió con un encaste desgraciadamente casi extinguido, sino en que fue capaz de tener entre sus manos dos vacadas muy distintas – coquillas y domecqs – y mantenerlas en lugares de privilegio.
En 1969 se hace con lo que quedaba de la vacada de Maria Antonia Fonseca – Pedraza de Yeltes- debido a la amistad de los “Domingos”. El hijo de Maria Antonia y el hijo de José se llamaban igual: Domingo. Y ese nuevo ganado se puso a nombre del único heredero de Cilloruelo, con el nombre para la nueva vacada de la otra finca: “Aldeanueva”.
Desgraciadamente las “modas” obligaron al viejo Raboso, ya muy mayor, a deshacerse del hierro de la interrogación, con el que se marcaban los coquillas. No quería ver como lo que le costó tanto trabajo y dedicación se derrumbaba. Se quedó con los aldeanuevas para que su hijo Domingo no tuviera complicaciones, los domecq eran mucho más apetecibles.
En la actualidad los “coquillas de Raboso” han desaparecido prácticamente tras pasar por varios propietarios, y parece que los “aldeanuevas” no levantan cabeza desde años.
El sudor de Don José Matías Bernardos no merecía este final.
1 comentario:
Los coquillas del Raboso todavía los sigue criando un gran ganadero y gran aficionado que se llama Mariano Cifuentes.
Publicar un comentario